CIBERABUSADORES SERIALES.



Son muchas las formas de abuso que se nos muestran cada día. Si vamos a plantearnos solo las que aparecen con el uso de las redes, ciberabuso a secas, concurrimos al encuentro de: grooming, sexing, sextorsión, doxxing, bullying y stalking como las prácticas más universalizadas.

Hoy nos armamos para pensar el grooming, que no es tan anónimo y lo es también.

Quizás estemos un poco lejos de este tema, pero de vez en cuando leemos a padres justicieros que entran a las redes como si fueran sus hijos abusados y arman un encuentro en donde devuelven favores a ciberpsicópatas; o escuchamos los relatos de escolares que, jugando en red fueron, redirigidos a páginas de pornografía, o vemos jóvenes tratando de ocultar las cicatrices en sus brazos, de un amor virtual jurado con sangre.

El interés en el tema viene de la mano de la movida clínica actual que desconcierta a padres, docentes y profesionales de la salud, en los consultorios o en las guardias, en los hogares o en las escuelas.

Hoy llegan pacientes con historias que resultan raras, o ajenas, o extrañas y nos ponen en contacto con los resultados, post latencia generadora de síntomas, de una manera de pensar moldeada a partir de las relaciones virtuales que han creado y mantienen.

No hay vínculos exclusivos con los conocidos de siempre, reales y presenciales, se han sumado los nuevos amigos de las aplicaciones y, los más concurridos, los de los juegos en red.

“Me llevas a los jueguitos”, aquel pasatiempo del ayer devenido en primera actividad del hoy “te voy a operar para que sueltes el celular”, tiene muchas consecuencias: una forma de afrontar la realidad, el emerger de una generación nominada de 'cristal´ y, los síntomas que cuando ya no se pueden ocultar, desconciertan al entorno.

Apego al uso de tecnología, uso indiscriminado de aplicaciones, modificación de la rutina diaria, inversión del sueño-vigilia, descenso del rendimiento escolar, retracción familiar y social, descuido de la higiene personal, autoagresiones, ideas suicidas y ocultamiento de la actividad en las redes, son algunos de los síntomas del grooming y también el motivo de consulta.

Hace poco, en dialogo con una colega sobre el tema, me recordó una frase en la que el personaje del film 'Lo que queda del día', interpretado por Anthony Hopkins, decía: : “Cuando tenía todas las respuestas me cambiaron las preguntas”.

Cuando interpelamos a la psicología tradicional, cuando ponemos en jaque la psiquiatría infanto-juvenil, cómo clasificamos estos hechos que quiero titular ¨la nueva psicología¨?.

Hoy considero que, cuando asistimos a los pacientes, es impensable no priorizar la cuarta instancia, la realidad. Rechazando la cultura de la que emergen sus conductas por no entender, nosotros, sus reglas; los forzamos a entrar en el molde que, además, y si así fuera la tentación, inexorablemente será el equivocado, porque el correcto aún no se ha escrito.




Comentarios

  1. Totalmente me identifico con esto de que nos encontramos muchas veces con algunas cuestiones culturales actuales, que no terminamos de comprender, y entonces caemos en el desinterés o el rechazo.

    Creo también que estamos en un momento en donde se suceden innumerables cambios, actitudinales, relacionales, que hacen muy complicado tratar de situar algo a alguien, en un molde determinado, en alguno de esos viejos moldes que siempre arrastramos. Las nuevas conductas y acciones, que en lo cotidiano nos interpelan no parecen situarse cómodamente en un molde.

    Y al mismo tiempo me abre más reflexiones. Será que algo tiene que caber en un determinado molde?, será cuestión de ir moldeando los sucesivos moldes, para que todos encuentren aquel en el que pueden entrar? Será que hace falta un molde y quizás no sea necesario ninguno?

    Y una cosa me va llevando a otra y entonces, una nueva reflexión sucede.

    Será posible Ser, si no tenemos algún molde que nos aloje, aunque sea en nuestras primeras formas?, que nos contenga, que nos limite, que nos estructure?

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